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Museo Banco de México: el edificio que pasó cien años cerrado

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Se construyó cuando gobernaba Porfirio Díaz, se llenó de mármol negro y oro art déco, y durante casi un siglo su interior fue un secreto que solo veían quienes trabajaban ahí. Abrió apenas hace unos años. Entrar es pisar un lugar que existió mucho antes de que tú pudieras.

Hay edificios que llevan más tiempo cerrados al público que abiertos. Este es uno, y su historia es casi absurda de tan larga.

El inmueble se levantó entre 1903 y 1905, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, para una aseguradora neoyorquina. Lo inauguró el propio Porfirio Díaz. Veinte años después, ya con otro dueño, se remodeló de arriba abajo en clave art déco: mármol negro, dorados por todos lados y, coronándolo, un vitral en el techo de las escaleras centrales que diseñó en 1935 el artista mexicano Fermín Revueltas.

Y entonces, ese interior deslumbrante se volvió privado. Durante casi cien años, nadie que no trabajara ahí llegó a verlo. El museo abrió hace apenas unos años, y lo primero que se siente al cruzar la puerta es exactamente eso: estás entrando a un lugar que fue hermoso en secreto durante generaciones.

La luz como parte del diseño, no como accesorio

Lo más interesante del museo no son las monedas que exhibe. Es cómo está iluminado. Y esto es una lección de diseño que no tiene nada que ver con el dinero.

El equipo que restauró el edificio no se limitó a poner luz para que pudieras ver. Construyó capas de luz que trabajan juntas, cada una con un trabajo distinto:

  • Una luz general, la que simplemente te deja orientarte y caminar sin tropezar.
  • Unas luces de acento, que empujan tu mirada hacia las piezas que importan.
  • Y las luminarias decorativas originales de 1925, restauradas una por una, ahora con focos LED que cambian de color y se controlan de forma individual — lo que permite armar ambientes distintos en cada tramo del recorrido, sin mover un solo muro.

Ahí está la idea que se lleva cualquiera, tenga o no interés en museos: la misma habitación puede sentirse completamente distinta con solo cambiar cómo la iluminas. No hace falta tirar paredes. La luz ya es arquitectura.

El túnel dorado (y dónde lo pusieron)

Hacia el final del recorrido hay un pasillo que casi todos los que ya fueron describen como lo que más se les quedó grabado: el «Túnel Dorado», que primero te regala una vista panorámica de la ciudad y luego te conduce a un mural, Geografías de intercambio en la Ciudad de los Palacios, de Luis Carlos Hurtado.

Y fíjate en un detalle que casi nadie nota, pero que es puro diseño: dónde lo colocaron. No al principio, cuando todavía vas frío y no te has enganchado. Tampoco al final, ya con prisa por salir. Lo pusieron justo cuando ya bajaste la guardia y estás entregado al lugar. Un museo bien diseñado no solo decide qué te muestra: decide en qué orden y en qué momento.

Un detalle que no esperas en un museo del dinero

Para cerrar, una rareza deliciosa. Entre las piezas de la colección numismática hay algo que no tiene ningún sentido esperar en un museo de monedas: una serie de medallas dedicadas a dinosaurios cuyos fósiles se encontraron en territorio mexicano.

Ciencia, historia y diseño metidos en el mismo cajón. Es justo esa clase de cruce inesperado el que convierte una visita «de monedas» en algo que da ganas de contar después.

¿Qué edificio de tu ciudad has visto mil veces por fuera sin saber lo que esconde por dentro? Cuéntanos cuál, capaz y nos hiciste el próximo Espacio.

Datos prácticos

  • Dónde: Av. 5 de Mayo, esquina con Eje Central, Centro Histórico, CDMX.
  • Horario: martes a domingo, de 11:00 a 17:00 h.
  • Costo: entrada gratuita.

Para saber más

Si lo que te atrapó fue la restauración misma (rescatar un art déco de 1925 sin traicionarlo), el edificio es monumento artístico desde 1987, y vale la pena buscar el trabajo de RIWA Arquitectura, el despacho detrás de la intervención. Y la próxima vez que entres a cualquier museo, juega a mirar la luz antes que los objetos: vas a notar quién pensó la iluminación como diseño y quién solo puso focos para que se viera.

Etiquetas: arquitectura, art-deco, cdmx, museos, restauracion
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